Extremadura, mi tierrina.

Y ¿cómo olvidarte?

No nos dejan arrejuntarnos y por eso no estoy a tu vera pero sé que siempre estarás suspirando porque mis pies pisen tu entrañable tierrina. Das la vida, curas todas las heridas y sanas al más desfaratao corazón. Revitalizas mis entrañas cuando atrocho por tus cientos de caminos verdes.

Chispea al fondo del Valle del Jerte, junto a los cerezos que florecen. Paseo por las Jurdis, entre Caminomorisco y Pinofranqueado, embobao por tu campo, por tus árboles… Gonita es la Sierra de Gata, pero ya te ha chamuscao algún tarambaina. Empacinao de jartarme a comer en tus pueblos, torta de la Serena, pimentón, migas de mi abuela, patateras o un buen licor de bellota hasta terminar alpistao, cerca de guarrapos belloteros he pasado, a lo lejos los buitres negros de Monfragüe, historia romana en Augusta Emérita, jotas regionales en Montehermoso y Olivenza.

Asina que ¿cómo maldecirte?

Si tu único fin es guardar sencillez y belleza. Tus rincones y tus gentes, tus gargantas y tus llanuras, tus montes y tus canchos. Pasear en verano con el sol que jarrea vistiendo carzonas achicharrao o arrecío por el frío tan sólo ataviao con un chambergo. Tomo un cacho de tu espíritu y me lo llevo junto al resto de achiperres a la capital donde las zagalas son más estirás.

Me viste crecer, siendo un chiquinino farraguas con todos los jarapales por fuera, jugando siempre a los bolindres en la Isla y con piteras en la cabeza o las patas llenas de negrales por ser un enrea con una zajurda por habitación.

Y se me añurga la garganta y el corazón se me hace un gurruño cuando marcho en carrefila pa Madrid. Yo no “dejo” mi tierra atrás, si no que la “quedo” atrás. Te echo de menos un poquino.

Y es que no eres de ehtremaura si no dices jacha, jigo y jiguera, pero por encima de to, un ehtremeño es sencillo y arriscao. Ehtremadura es eso, Cácereh y Badajoh. Belloteroh y mangurrinoh.

Extremadura
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