El duro camino de la felicidad – 2014

Pues si.
Nos vemos de año en año.
Toca analizar el 2014.

Todo empezó de maravilla con una fiesta por todo lo alto, de las mejores en muchas nocheviejas. Le siguieron varios días de reuniones entre amigos mientras la recordábamos. Digamos que empezó bien.

Comencé a correr de manera asidua, a realizar carreras, descubrí ese deporte y eso me entusiasmaba. Carreras que no sabría si completaría, pero había que intentar.

A medida que pasaba el tiempo fui perdiendo un poco del crecimiento y lo que me hizo avanzar el año anterior, esa sensación de que todo se termina y no volverá. Pero por suerte encontré una luz entre la penumbra que se cernía pero era muy tenue, lejana y complicada. No obstante soy de los que no se rinden tan fácilmente y decidí seguir esa luz a pesar de saber que estaba jugando en difícil, en extremo. Conocí un alma que me perturbó, algo tan bonito que no me voy a molestar en describir porque no podría definirlo. Y la emoción iba subiendo y subiendo. La alegría de nuevo se iba apoderando de mí. No obstante seguía lejos, muy lejos. Tan lejos que se perdió por un momento toda esperanza y decidí volver a asumir que habría que volver a empezar. Mucho tiempo fue así, bastante más de lo que me hubiera gustado.

Entre tanto hacía idas y venidas a mi casa, a mi ciudad, no Madrid, a Plasencia. Recordando viejos tiempos, disfrutando como un enano. Era verano y las ganas de correr mermaban bastante, se diluía la continuidad, no me gustaba pero ojalá con la llegada del Otoño todo cambiara, no fue así. Cambios en el entorno, cambio de piso. Compañeros de alrededor que se casaban, tenían hijos, lo normal supongo, lo que en el fondo también yo quiero.

Mientras tanto solicité un cambio en mi vida profesional con motivo de acercarme de nuevo a esa luz que se iba desvaneciendo pero es que había ya que tirarse con todo puesto y lo conseguí. Conseguí acercarme. Entonces sentí miedo e inseguridad. Pero todo se paró, el tiempo se detuvo, el alma pinchaba, el corazón se congeló y en aquel cacho garito de Madrid volvió la luz de nuevo, muy fuerte, tanto que me cegaba. Desperté de nuevo. Volví a sentir. Noté que el corazón, a pesar de sus destrozos, todavía tenía los huevos de seguir latiendo tan fuerte como la primera vez. Veía mi futuro con total claridad, veía lo que quería y deseaba, y todo lo veía muy claro.

Pero fue entonces cuando en lo más alto, el azar, la suerte, el karma, no lo sé bien, hizo de las suyas y partió el momento. Todo se destrozó apenas nada de tiempo después. Y ese futuro que imaginé se acabó emborronando y partiendo en dos cuando en un momento llegamos a ser uno. Ahora el entorno sabe gris y a ceniza, raro.

Pero ahora me pregunto ¿cuántas veces has pasado por este momento? ¿Eres nuevo en esto?
No, no soy nuevo en esto, esto es ley de vida y estas cosas pasan. Duele, duele mucho. Pero también entiendo que más dolor fue jamás haber intentado conseguir el cielo.

Así que en este momento reiniciamos, toca un reinicio, un formateo de sensaciones malas y una recomposición. Otra vez. Y con esta no sé ni las veces que van. Recuperar costumbres, aficiones, ocio, recuperarme a mí.

¿Objetivos para el 2015?

Felicidad. Y nada más.

Y os dejo con el tema resumen de mi año, canción que ha estado de fondo en mi banda sonora diaria de cientos de momentos malos y bueno. Escucharla ahora me trae nostalgia, pero nostalgia triste, de cuando estaba en repeat dañando mi alma mientras veía que todo se iba hundiendo tan poco a poco que ni notaba que desaparecía:

Ansuken Written by:

Be First to Comment

Deja un comentario